DR FATE Vol 2

LECTURAS COMIQUERAS | Por Mark Shaw.

Hay tantas obras buenas esperando por ser leídas que ya no sé cuándo tendré tiempo para leerlas: Gotham Central, el Hellblazer de Garth Ennis, Invencible, el Ultimate Spiderman, Invisibles, o incluso el comic de The Walking Dead, que resulta tan diferente a la serie de TV (de la que me considero adicto). Todas las mencionadas son serie largas que me insumirán mucho, pero mucho tiempo. Que haya además tantas buenas series de TV por ver tampoco ayuda mucho. Así y todo sigo (¿perdiendo el tiempo?) en la lectura de series menores, esas deudas pendiente contraídas en los 80's y 90's que mi curiosidad insondable desea conocer cómo terminaban. Tal es el caso del Doctor Fate.

Hace poco pude cumplir uno de esos sueños comiqueros que tenía: leer completa y en español la serie de Dr Fate escrita por J.M.DeMatteis. De todas formas, como trato de hacer siempre que puedo, emprendí una lectura correlativa, arrancando con la miniserie que dibujó Giffen. Decir que es inexplicable el que Zinco se la haya salteado, cuando tranquilamente le pudo haber publicado en 2 Universos DC, es caer en un viejo tópico. Pero es gracias a esta inspirada miniserie en que el personaje y sus autores se ganaron el derecho a una serie regular. La prosa estilizada y metafísica de DeMatteis calza con precisión milimétrica en este personaje místico en su lucha entre el Caos y el Orden: "... el mundo se vuelve más y más loco. El horror real de eso es que, la persona común probablemente no note la diferencia. Solo otra mala semana en un mal año, en una mala vida. El Caos se estaba apoderando del mundo". Los lápices de Giffen jamás se vieron tan eficaces, con viñetas que son verdaderas postales místicas. La historia presenta de manera efectiva a todos los actores que deambularán por la serie regular, y la historia es atrapante. De hecho, para muchos habrá sido la primera historia "buena" que se escribió del Dr.Fate. Es por todos estos motivos que al día de hoy no encuentro explicación a su ausencia en el plan editorial de Zinco. Es casi como si hubiesen publicado el Superman de Byrne sin haber previamente publicado la miniserie The man of Steel. Los 9 nros que publicó Zinco en su momento, se leen con fluidez al día de hoy. El equipo artístico formado por DeMatteis y el genial Shawn McMannus le dan a la serie una atmósfera mística y humana imbatible. Casi se percibe la pena cuando muere Eric, y resulta especialmente destacable el capítulo en el que Linda, como Fate, pretende ir al más allá a rescatarlo. Se recuerda demasiado en estos nros la miniserie debut, por eso es que me resulta tan inentendible que no la publicaran. Tras la lectura de esos nros en papel, comencé los scans, y poder así conocer el final aunque sea en formato digital. Después de Zinco, tiene lugar la "reencarnación" de Eric Strauss. Su espíritu es guiado hacia el cuerpo de un hombre mayor y Linda se despierta al sentir que "¡Eric está vivo!". Claro que nadie de sus habituales compañeros de viñetas le cree lo que provoca toda una rabieta en ella. Linda era un buen personaje femenino, decidida y centrada a la que ni siquiera un Señor del Orden (Nabú) la podía doblegar.

Linda- "¡No tienes el derecho de interponerte en mi camino!"

Kent- "¡Tengo todo el derecho! Cuando tomé este cuerpo, lo tomé para el cuidado de dos almas: la tuya y la de Eric".

Linda- "Maldito buen trabajo hiciste".

DeMatteis y McMannus le dan una entidad propia a esta etapa. Es bueno cuando se mantiene al guionista y al dibujante.


El problema de la reencarnación de Eric es que él no recuerda que es Eric, y ni siquiera la aparición del Phantom Strange le ayuda en su amnesia. Al mismo tiempo Linda está perdiendo el control de Fate. Sin el alma de Eric a su lado se le dificulta controlar el poder destinado a dos, justo en la hora de mayor necesidad: ante el surgimiento del Anti-Fate.

Kent/Nabú lleva a Linda, Petey y Jack hasta la Torre de Fate en donde misteriosamente se ha materializada el casco y el medallón. Allí descubrirán que tanto Kent como Inza se encuentran atrapados en el medallón de Fate. Al mismo tiempo el Phantom Strange logra devolverle a Eric los recuerdos de su vida anterior. Mientras Petey y Jack son enviados dentro del medallón para traer de vuelta al "viejo" Fate (Inza se opone a eso alegando que ya tuvieron que sacrificar una vida luchando por el Orden), Linda, en ausencia de Eric, debe fusionarse con Kent/Nabú para encarnar a Fate y poder así enfrentarse al Anti-Fate, que no es otro que el Dr. Stoner. Logran vencer en esta lucha pero casi al costo de su propia vida.

El 24 fue el punto final para la etapa más New Age del Dr. Fate. Un nro lleno de diálogos espirituales, reencarnaciones y resurrecciones. Un número lleno de Esperanza y Destino para sus protagonistas, si hasta el "bueno" de Joachim Hesse encontró su séptimo cielo en esta etapa. No hubo un solo enfrentamiento ni una lucha final en el episodio en que DeMatteis se despide de su criatura. Una etapa súper personal y única, mágica. Fue acertado traer de vuelta al viejo Dr. Fate ahora que tendríamos un nuevo guionista. Es mejor guardar los juguetes anteriores antes de sacar los nuevos. Descansen en paz Linda y Eric, Jack, Petey y Nabú. Se lo merecen. Un premio especial para Shawn McManus por darle consistencia e identidad a la etapa. Solo faltó en un par de ocasiones, en una de ellas el dibujo estuvo a cargo de Joe Staton, haciendo una labor bastante digna.

El cambio de registro que tiene lugar en el N°25 de la colección es notable. El guión corre ahora a cargo William Messner-Loebs y del dibujo se encarga Vince Giarrano. Con Loebs la colección se vuelve más humana y barrial. Ahora el Dr. se encarga de los pobres y desvalidos del vecindario, casi como lo hacía Wally West en la etapa que tuvo a cargo este escritor. Nada de locuras New Age o de demonios del Caos. Ahora las amenazas son más terrenales. A nivel dibujo el cambio de estilo es aun más notable. Vincent Giarrano tiene un estilo y puesta en página excelente que me recuerda mucho a Ty Templeton. Su estilo minimalista contrasta con las viñetas a las que nos tenía acostumbrado McMannus. Pero estos cambios, contrariamente a lo que se pueda pensar, no hacen que la calidad de la colección disminuya. Pese a que no se conserva a ninguno de los protagonistas de la etapa anterior (lo que me parece un grave error porque la interacción entre ambas formaciones hubiese estado interesante) no disminuye un ápice el interés por estas aventuras. Es claro que estamos leyendo una colección menor, muy menor del Universo DC, totalmente alejada de la supremacía que su hermano, Dr. Strange, demuestra en la otra compañía. Aquí Fate es un héroe barrial que se toma su tiempo para reparar el semáforo de la esquina, o rescatar a la hija de su vecino de ser atropellada. Loeb introduce la idea de que cada vez que Fate utiliza su poder, los residuos del mismo van involuntariamente mejorando a todo el barrio. Desde dejar la calzada más lisa hasta mejorar el espíritu de los vecinos. En una controversial movida, le quita la adicción a un yonki y vuelve generoso a un asesino. Como si lo de limpiar el espíritu humano fuese tan simple como un pase mágico. Se nota que al guionista le gustaba que Fate fuese femenino, porque teniendo a Kent e Inza a su disposición, prefiere que sea la mujer del binomio la que asuma el manto, quedándose el hombre relegado a un simple espectador. Impensable que esta colección se publicase hoy en día. El público y sus gustos han cambiado mucho.


A la altura del nro 30 perdemos a Giarrano, quedándose a cargo del dibujo Peter Gross, el que antes ejercía como entintador de la serie. Este nro en particular es un relato social maravilloso, íntimo y reflexivo. Una joven policía negra se cuestiona el accionar caritativo del Dr. Fate, pero cuando cae abatida a balazos por una anciana que la confunde por un ladrón, es nuestra heroína mística la que la trae de regreso desde las puertas de la muerte. Lo que Inza no sabía es que para lograr el milagro consumió energía vital de todas aquellas personas que se encontraban cerca suyo y así, provocó la muerte de una anciana amiga. Tal como lo aprendió Linda (cuando intentó rescatar el alma de Eric), es ahora Inza la que aprende por las malas la dura lección: Nadie puede devolverle la vida a otro sin pagar un precio muy alto. ¿Será por eso que el Dr. Fate debe estar formado por hombre y mujer? Parece ser que las entidades netamente femeninas se vuelven demasiado emotivas. En el episodio siguiente continua su cruzada "mejorando el barrio", destruyendo un enorme rascacielos (de un magnate inescrupuloso) que impedía que la luz solar llegase a la parte baja de la ciudad. Fate utiliza sus poderes para mejorar las viviendas de los pobres utilizando como materia prima los materiales del rascacielos, y a su dueño, un magnate millonario inescrupuloso, le borra la mente y lo traslada a la zona de mayor pobreza. ¡Vaya castigo divino! Leyendo estas aventuras tan urbanas no puedo evitar recordar los relatos del mismo estilo que Messner-Loebs escribió para Flushman.

Hay que reconocer la labor de artesano que lleva a cabo Loeb. Para empezar le da a la colección un rumbo totalmente distinto al de la etapa anterior, que para algunos era demasiado metafísica. Reconozco que De Matteis a veces se iba un poco de mambo con sus textos tan luz y sombra, orden y caos, pero como los personajes me gustaban y el humor y la emoción estaban presentes todo el tiempo yo valoro su etapa. Pero estoy seguro que más de un lector estaba harto de todo ese Kali Yuga, y la opción servida por Messner-Loebs no solo resultaba un soplo de aire fresco sino que era endemoniadamente buena. Además, remataba jodidamente bien cada capítulo, invitándote a la lectura obligada del siguiente.

La intervención de Fate/Inza en la vida de su barrio es cada vez más relevante, casi absorbente. Despliega una serie de "globos fate" que detectan los problemas y brindan soluciones. Pero al no poder evitar el asesinato de toda una familia a manos del padre desempleado (al que Dr. Fate no atendió su pedido de conseguirle trabajo) todo se desmadra, al punto de efectuar lavados de mente a las personas que demuestran algún pensamiento impuro. "Hace casi una semana su esposa apareció de la nada en el hospital del monte Sinaí. Había una pequeña niña ahí, de 7 años de edad, muriendo de cáncer. Dr. Fate hizo una especie de pase mágico sobre ella... ¡y voila! ¡No más cáncer! Maravilloso ¿cierto? No mucho después, una de las enfermeras que estaba en esa sala colapsó. Le hicieron un montón de exámenes y detectaron cáncer. El diagnóstico es terminal. Luego de eso, el ala copó su capacidad. Todos los que estuvieron cerca del "milagro" del Dr. habían contraído cáncer terminal."

En el N°37 tiene lugar la batalla final en el barrio desterrando a un Señor del Caos que tenía a Inza en jaque, y en el 39 (el 38 era un fill in), nuestra querida Dra. Fate debe ir al Senado a dar explicaciones por sus acciones. La mujer da unas explicaciones tan encarnizadas que demuestran que es mucho más que una simple ama de casa como todos creían. Es una mujer desenvuelta con sus prioridades bastante claras y con un montón de buenas intenciones y poder para llevarlas a cabo. El arte de Peter Gross de este episodio es fenomenal y el guión igual de maravilloso, dando cátedra de cómo mantener el interés aun en un episodio en el que no hay ni una solo lucha, es solo de charlas y debates ¡y así y todo resulta genial! La serie finaliza así, dejando tras de sí magníficas historias, pero que seguramente nadie compraba. A veces la calidad no está acompañada por el público.

Nos leemos en el Archivo!


ESTE ARTICULO ESTA ESCRITO POR MARK SHAW.
Colaborador esporádico del blog. Lector crítico de cómics y novelas. Amante de los personajes secundarios/terciarios. Fan incondicional de The Twilight Zone. Puedes seguir sus recomendaciones y divagues varios en su facebook personal.




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